lunes, 27 de mayo de 2013

ESPAÑA DA MIEDO


ESPAÑA DA MIEDO


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Después de la detención de Raúl Capín y Adoldo Luján, fotoperiodistas independientes que han captado imágenes impactantes de la brutalidad policial, España ha demostrado que la censura y el autoritarismo no son cosa del pasado, sino tradiciones profundamente enraizadas. Saber que los diarios ABC, La Razón y El Mundo han incriminado a los fotógrafos, acusándoles de falsos periodistas implicados en actos violentos, sólo confirma que la prensa nunca rompió su alianza tradicional con el poder político. Los periodistas han declarado ante el juez y han quedado en libertad con cargos. Al salir de los juzgados de Plaza de Castilla, han manifestado que la democracia sólo es una falacia cuando la información se halla en manos de grandes grupos empresariales. Los que acusan a Capín y Luján de “piratas del periodismo”, olvidan la sentencia del Tribunal Constitucional, según la cual “las libertades de expresión e información podrán ser ejercidas por cualquier persona” (STC 6/1981). La represión policial e institucional contra los periodistas independientes añade una página más a la España negra e inquisitorial, una crónica interminable que ha mostrado su faz más terrorífica con los últimos informes de Amnistía Internacional y el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura, donde se recogen testimonios “creíbles y consistentes” sobre torturas, violaciones e incluso muertes causadas por pelotazos de los antidisturbios. Una vez más, España da miedo, asco y vergüenza.
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La tranquilidad que se presupone al ciudadano de una democracia se ha desvanecido o tal vez sólo era una ficción alentada por los grandes medios de comunicación, con la ayuda de intelectuales, escritores y columnistas al servicio de un relato escandalosamente falso sobre una España plural, democrática y tolerante. El derecho a informar es un derecho humano elemental. Si se impide o se reprime, ya no se puede hablar de libertades democráticas. Es evidente que el caso de Capín y Luján responde al propósito de ocultar el comportamiento brutal de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Hace poco, un grupo de ciudadanos organizó un escrache ante la sede del PP por el proyecto de ley sobre el aborto. En un vídeo que puede consultarse en Youtube, se advierte con escalofriante claridad cómo un agente introduce una navaja en el bolsillo de un detenido. Los manifestantes increpan al policía y le advierten que han visto todo. Da igual. El incidente se resolverá de la forma habitual: el juez aplicará la presunción de veracidad a los agentes y el testimonio de una docena de personas será ignorado o desestimado. Al detenido se le acusará de atentado contra la autoridad y tal vez acabe entre rejas. Estas escenas son cada vez más frecuentes. Hasta que la crisis no golpeó a miles de familias, nadie protestaba porque se utilizaran estos métodos contra los escasos disidentes de una democracia que se gestó en las cloacas del franquismo.
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 EL INFORME DE AMNISTÍA INTERNACIONAL
Hace unos días, Amnistía Internacional publicó su informe anual, denunciando que en el Estado español “tanto en 2011 como en 2012 ha habido un uso excesivo de la fuerza en muchas manifestaciones por parte de efectivos de seguridad”. Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, se reunió con la prensa el miércoles 22 de mayo de 2013 y habló sin rodeos: “Hay un patrón: se produce el uso excesivo de la fuerza, la gente reclama ante los tribunales y los tribunales dicen si hubo o no ese uso, pero al no estar identificados [los agentes de policía] no se sigue ese procedimiento”. Es decir, se desestima, como en el caso de Consolación Baudín de Lastra, de 54 años, que pasó 40 días en la UVI, con varias costillas rotas y ventilación mecánica. Consolación se limitó a aplaudir a los mineros que se manifestaban en Madrid en julio de 2012 y un agente de la Unidad de Intervención Policial (UIP) le disparó un pelotazo a corta distancia. Iñigo Cabacas no tuvo tanta suerte como ella. Después de recibir una orden contundente (“entren al callejón con todo lo que tenemos”), la Brigada Móvil de la Ertzaintza venció cualquier reparo y disparó contra el joven de 28 años, que se encontraba en las puertas de una “herriko taberna”. Su madre, Josefina Liceranzu, contó que “lo mataron por la espalda mientras atendía arrodillado a una chavalita”. Cuando identificó el cuerpo en el hospital, Josefina se quedó horrorizada: “Mi hijo tenía lágrimas de sangre en los ojos y le salía sangre por las orejas. Pedimos justicia y que se esclarezca la verdad”. A la luz de este drama, Ester Quintana, de 42 años, puede considerarse afortunada. Sólo perdió un ojo por el impacto de un pelotazo de los Mossos d’Esquadra durante la huelga general del 14 de noviembre. La lista de infamias es inacabable. En Tarragona, un niño de 13 años terminó con la cabeza rota por los golpes de porra de dos agentes. Felip Puig, conseller d’interior, admitió que el menor no participaba en ningún piquete, pero exculpó a los agentes con el pretexto de que obraron “en defensa propia” y valoró de forma “muy positiva” el trabajo de los Mossos durante “una jornada compleja”. Sus declaraciones concuerdan con las de David Piqué, comisario de los Mossos, que en su discurso del Dia de les Esquadres prescindió de cualquier eufemismo para referirse a los manifestantes: “Les iremos a buscar, ya se pueden esconder donde quieran porque les buscaremos, sea en una cueva o en una alcantarilla que es donde se esconden las ratas”. Los asistentes al acto le aplaudieron con un entusiasmo digno de las épocas más sombrías del franquismo.
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España da miedo, sí. No es una impresión subjetiva, sino el propósito de las detenciones arbitrarias y las campañas de prensa criminalizando a manifestantes, disidentes, periodistas independientes, activistas e incluso a testigos de hechos incómodos. Al igual que en los casos del estudiante Enrique Ruano y el político comunista Julián Grimau, asesinados por la dictadura franquista, la prensa apoya al poder en sus abusos y ratifica sus mentiras. Raúl Capín y Adolfo serán juzgados por presunto atentado contra la autoridad durante las protestas del 23 de febrero y el 25-S. Además, Luján ha sido imputado por el delito de calumnias contra órganos públicos. Se estima que ha violado el artículo 504 del Código Penal al utilizar las redes sociales para acusar a agentes de paisano de lanzar botellas contra los antidisturbios, con el fin de justificar las cargas policiales y las detenciones. No sé cuál será el desenlace de los procedimientos judiciales, pero no podrán borrar los testimonios de infinidad de testigos, que aseguran haber presenciado incidentes semejantes. Tal vez el más sonado es el incendio de un Starbucks en Barcelona. Un documento de David Piqué, comisario de los Mossos, corrobora la existencia de una estrategia policial orientada a generar tensión y violencia. En su proyecto final del máster en Políticas Públicas de Seguridad organizado por la Universitat Oberta de Catalunya, David Piqué escribe: “Incluso si la concentración o manifestación, que es lo que estamos hablando, no se prevé bastante violenta, se puede llegar a provocar un poco, con detenciones poco justificadas y nada pacíficas unos días antes para calentar el ambiente. También se pueden hacer redadas preventivas en los lugares donde se encuentran habitualmente personas cercanas a la ideología de los convocantes con la excusa de buscar drogas o lo que sea necesario. La redada estará especialmente mal hecha y con trato humillante para encender más los ánimos, si es necesario. La consecuencia previsible de estos comportamientos previos y el diseño del dispositivo policial, es que acabará con una batalla campal. Además de la estrategia previa, en cuanto algún grupo descontrolado empieza las acciones violentas, las unidades de policía ni se mueven y cuando la violencia empieza a ser generalizada, la actuación policial se retrasa deliberadamente hasta que los daños producidos son socialmente inaceptables. Es entonces cuando se producen las cargas policiales que en ningún momento quieren ser disuasorias. No se disimula. Se va directamente contra los manifestantes, que ya son considerados vándalos, y se les ataca con suficiente velocidad para que no dé tiempo a la fuga y se provoque el enfrentamiento físico. En este estadio, los manifestantes atacan a la policía con todo lo que tienen y que les han dejado tener, realmente se están defendiendo, pero no lo parece. Han sido acorralados. La violencia entre agentes y manifestantes se desata, se personaliza y se descontrola. Es lo que se quiere. Comienzan a aparecer víctimas inocentes -daños colaterales se dice ahora. Los que han rehuido el enfrentamiento, se encuentran con el resto de las unidades policiales que les cierran el paso. […] La dispersión no es voluntaria. Es a golpe de defensa (porra) y cualquier atisbo de resistencia es contestada con contundencia exagerada y detenciones masivas”.
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Después de leer este espeluznante trabajo académico, que incurre –al menos en el plano teórico- en una indiscutible prevaricación, no cabe extrañarse ante el informe de Amnistía Internacional, que responsabiliza al gobierno español de no investigar las denuncias de torturas o violencia policial. En el Estado español, cada vez son más frecuentes los casos de agentes “sin identificar que golpean con porras a manifestantes pacíficos, disparan balas de goma contra ellos y amenazan a los periodistas que cubrían la información de los hechos”, como sucedió el 25-S. “Las investigaciones de las denuncias de tortura y otros malos tratos son inadecuadas y así lo reconocen los tribunales y organismos de derechos humanos”. Amnistía Internacional cita los casos de Ángela Jaramillo, apaleada en 2011 a pesar de “su actitud pacífica”, y de Paloma Aznar, periodista que recibió el impacto de una pelota de goma durante la manifestación de los mineros, pese a llevar “colgada al cuello su acreditación de periodista”. Amnistía Internacional también deplora “que se pueda mantener a los sospechosos de terrorismo hasta 13 días recluidos, sin acceso a un médico ni a un abogado de su elección y sin poder consultar con su abogado de oficio de manera confidencial ni comunicar su paradero a su familia”. En el caso de los inmigrantes, afirma que se continúan violando sus derechos. En septiembre de 2012, “se expulsó colectivamente a 70 desde el islote español de Isla de Tierra a Marruecos. Ninguno tuvo acceso a un procedimiento de concesión de asilo individual”. Los casos de detención arbitraria, discriminación y malos tratos son habituales entre los inmigrantes sin papeles. Amnistía Internacional no pierde la oportunidad de señalar que “el gobierno español aprobó reformas legislativas en relación con la crisis económica sin evaluar sus repercusiones en los derechos de sectores de población más vulnerables”, y recuerda que prohibir de antemano los escraches representa una violación de los derechos humanos.
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ESPAÑA, UNA DEMOCRACIA DE MÍNIMOS
Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en Madrid, ha promovido una política de represión contra los indignados, los activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (APH) y los ciudadanos que salen a la calle a manifestar su descontento. Se han realizado 447 detenciones y se han impuesto mil sanciones administrativas, con el pretexto de “frenar la anarquía” y “el nazismo puro” de los escraches. Sin embargo, los jueces no han hallado argumentos suficientes para dictar condenas penales. No se realizan investigaciones en profundidad, pero se admite que los imputados están ejerciendo derechos fundamentales y que la policía actúa de forma arbitraria. Las sanciones administrativas tampoco prosperan. Los recursos interpuestos se resuelven favorablemente a los ciudadanos, lo cual confirma que la Delegación del Gobierno ha intentado reprimir el derecho de manifestación, con sanciones indiscriminadas. ¿Vivimos en una democracia? Se afirma que una dictadura se caracteriza por la concentración de poder, las políticas represivas contra los disidentes y la inexistencia de una prensa libre y plural. En el Estado español, el poder se concentra en manos de la patronal y la banca, que imponen las directrices de la economía y las reformas de la legislación laboral, de acuerdo con sus intereses. Los debates se limitan a cuestiones que no afectan a la economía: el matrimonio homosexual, el aborto, la influencia de la Iglesia Católica, la prohibición del tabaco en lugares públicos. Los rescates bancarios, los derechos de los trabajadores y desempleados o la intervención militar en países ricos en petróleo, gas o con una posición geográfica crucial en la circulación de bienes y mercancías, nunca se someten a la opinión de los ciudadanos. El “No a la guerra” de Irak se convirtió en indiferencia o complicidad cuando el PSOE llegó al poder y se mantuvo la presencia española en Afganistán o se bombardeó Libia para “defender la libertad, la democracia y los derechos humanos”. Se toleran las protestas siempre y cuando no representen una amenaza real. La dispersión de la izquierda revolucionaria en infinidad de pequeños partidos, agrupaciones y asambleas produce un espejismo de pluralidad, pero en realidad sólo es la constatación de un fracaso. Una izquierda dividida y fragmentada revela la impotencia de la sociedad para organizarse de manera eficaz. No se puede responsabilizar a estas fuerzas de su dispersión, pues carecen de recursos para transformarse en un verdadero frente popular y su diseminación es una consecuencia del bipartidismo reinante.
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El Estado español sólo acepta el debate democrático en las cuestiones menores. Es lo que Gramsci llamó la “pequeña política”. La “gran política” acontece en despachos, cuando la banca y la patronal se entrevistan con el gobierno para negociar sus intereses. A cambio, los políticos salientes de la cosa pública obtienen cargos altamente remunerados como consejeros independientes o asesores externos. Todos saben que José María Aznar y Felipe González disfrutan de esas prebendas, después de gobernar al dictado de las grandes empresas. Este verdadero contubernio se consolida con el monopolio de los grandes medios de comunicación. Hugo Chávez ha sido satanizado por casi todos los periódicos, pese a ganar doce comicios electorales bajo supervisión internacional. En cambio, Álvaro Uribe, ex presidente de Colombia, o Teodoro Obiang, presidente de Guinea Ecuatorial, implicados en torturas, asesinatos extrajudiciales y desapariciones, no han soportado el mismo acoso mediático. Durante sus mandatos, la corrupción ha sido galopante y, en el caso de Uribe, la Corte Penal Internacional considera que hay pruebas suficientes para juzgarle por crímenes contra la humanidad por al menos 3.500 asesinatos de sindicalistas, campesinos, activistas sociales, periodistas, defensores de los derechos humanos y opositores de izquierdas. En el pequeño pueblo de La Macarena, región del Meta, a 200 kilómetros al sur de Bogotá, se descubrió en enero de 2010 una gigantesca fosa común con 2.000 cadáveres sin identificar. Las fuerzas de élite del gobierno colombiano han utilizado esta fosa desde 2005. Jairo Ramírez, secretario del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, acompañó al lugar a una delegación de parlamentarios ingleses. “Lo que vimos fue escalofriante”, declaró al diario Público. “Infinidad de cuerpos, y en la superficie cientos de placas de madera de color blanco con la inscripción NN (no identificados) y con fechas desde 2005 hasta hoy. El comandante del Ejército nos dijo que eran guerrilleros dados de baja en combate, pero la gente de la región nos habla de multitud de líderes sociales, campesinos y defensores comunitarios que desaparecieron sin dejar rastro”. La fosa de La Macarena no es algo excepcional. Periodismo Humano y otros medios independientes calculan que hay más de mil fosas comunes y sin identificar en Colombia. Algunos paramilitares desmovilizados han declarado que se descuartizó a los desaparecidos y se les incineró en hornos clandestinos. John Jairo Rentería, alias Betún, confesó a la justicia colombiana que participó en el asesinato de al menos 800 personas. “Había que desmembrar a la gente. Todos en las Juntas de Autodefensa tenían que aprender eso y muchas veces se hizo con gente viva”. Las víctimas fueron enterradas en una fosa situada en la finca Villa Sandra en Puerto Asís, región del Putumayo. Alfredo Molano, sociólogo y escritor colombiano, que no tuvo otra alternativa que exiliarse después de recorrer el país, recopilando datos que apuntaban a Álvaro Uribe como máximo responsable de las matanzas, señala que “la propia Fiscalía General de la Nación habla de 25.000 desaparecidos […]. Hay cementerios clandestinos enormes en Colombia. Hay gente borrada. También es posible que hayan hecho desaparecer muchos restos en hornos crematorios, como los del nazismo. […] Ni en los años cincuenta hubo en Colombia tanta brutalidad como la que muestran estas acciones de los paramilitares, pero el gobierno no tiene voluntad de investigar a fondo, y sólo dejará que aparezcan algunas tumbas. Además, los plazos son larguísimos y las dificultades técnicas para las identificaciones, pruebas químicas y ADN son enormes”. Sobra decir que la sombra de Estados Unidos planea sobre este nuevo genocidio. George W. Bush condecoró el 13 de enero de 2009 a Álvaro Uribe con la Medalla de la Libertad por “su contribución especialmente meritoria a la seguridad y los intereses nacionales de Estados Unidos”. Rodríguez Zapatero recibió ese mismo año a Uribe en el Palacio de la Moncloa y le abrazó efusivamente. Sin embargo, el villano por excelencia de la prensa española es el desaparecido Hugo Chávez. ¿Se imaginan a Vargas Llosa o a Fernando Savater escribiendo sobre los 25.000 desaparecidos en Colombia, salvo para minimizar los hechos o negarlos con insuperable cinismo? ¿Hacen falta más pruebas para demostrar la deshonestidad de los grandes medios de comunicación españoles? ¿Se puede continuar negando que los intelectuales han firmando una alianza con el poder político y financiero, convirtiéndose en cómplices de sus crímenes?
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Durante los seis años en el poder de Felipe Calderón, se produjeron en México al menos 25.000 desapariciones. De nuevo, líderes comunitarios, periodistas, sindicalistas, defensores de los derechos humanos, opositores. No son rumores, sino datos de la Procuraduría General de la República de México, que ha elaborado un listado con 20.851 víctimas, y de la Secretaría de la Gobernación, que ha recopilado 26.121 casos. El número total de muertos asciende a 60.000, de los cuales 2.134 son niños de entre seis meses y catorce años, presuntamente confundidos con narcos. Leon Panetta, ex director de la CIA y Secretario de Defensa de Estados Unidos, ha llegado a hablar de 150.000 víctimas. La guerra contra la droga fue una pantomima concebida para llevar a cabo un genocidio ante el estupor de la opinión pública internacional, incapaz de comprender lo que sucedía realmente. Al parecer, Felipe Calderón rompió el equilibrio entre los carteles de la droga, aliándose con el cartel de Sinaloa. Ya son muchas las voces que han denunciado la complicidad de los Estados en el tráfico de estupefacientes. “Si se sigue la pista del dinero, nunca sabes hasta dónde llegarás”, comentan los personajes de The Wire, la excelente serie televisiva de David Simon y Ed Burns ambientada en Baltimore. Hace pocos años, la Federación Rusa se negó a que la OTAN continuara utilizando su territorio para trasladar grandes cargamentos de heroína. Aunque no ha podido probarse, hay poderosos indicios de que Wall Street y la City londinense han mejorado su liquidez, lavando dinero procedente del tráfico de drogas. Es un negocio redondo, pues al margen de las ganancias que produce, desactiva políticamente a los jóvenes, arrojándolos a los brazos de una cruel dependencia y forzándoles a delinquir, convirtiéndolos en peones de mafias despiadadas.
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¿Por qué los grandes medios de comunicación españoles omiten estas cuestiones y no dejan de publicar artículos a favor de la economía de mercado y la pax norteamericana o ferozmente opuestos a la Cuba de Fidel Castro, la Revolución Bolivariana o los movimientos de liberación nacional? La respuesta es sencilla. Todos están controlados por la banca y las grandes empresas. En Traficantes de información, el periodista Pascual Serrano señala que el Grupo Planeta controla simultáneamente La Razón y La Sexta, pese a que el ultraconservador diario y la progresista cadena televisiva mantienen un antagonismo ficticio. José Manuel Lara Bosch, presidente del Grupo Planeta, es además el mayor accionista de Antena 3. Muchos se preguntarán por qué el Grupo PRISA ha batallado con tanta ferocidad contra Hugo Chávez y Evo Morales. El Grupo PRISA se estableció en Miami, con la intención de abrir mercado en América Latina. No es extraño que en un editorial de 2002 apoyara el golpe de estado de Pedro Carmona, presidente de la patronal venezolana, contra Hugo Chávez. El Grupo PRISA, propietario de El País, Cinco Días, Editorial Santillana y la Cadena SER, posee tres diarios en Bolivia (ExtraEl Nuevo Día y La Razón) y es el mayor accionista de la mayor cadena televisiva (ATB). En Venezuela, posee grandes inversiones en la Organización Cisneros, el mayor grupo mediático del país, con la cadena Venevisión a la cabeza.
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El poderoso empresario venezolano Gustavo Cisneros es accionista de Sogecable y es socio principal de Valores Bavaria, que ha invertido grandes cantidades en el Grupo Latino de Radio, un holding con un 87% de acciones del Grupo PRISA. Valores Bavaria también ha invertido en Caracol Radio, la cadena líder de Colombia. PRISA posee el 19% de las acciones de esta cadena. REPSOL-YPF y Telefónica, dueña del 20% de las acciones de Sogecable, invierten importantes sumas en publicidad en las publicaciones del Grupo PRISA. Lo mismo sucede con el BBVA y el BSCH, las dos primeras entidades financieras en América Latina. Sus intereses económicos se han visto seriamente perjudicados por el socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa. La confluencia de grandes grupos empresariales del sector financiero, energético y mediático sólo confirma que el capitalismo es una trama con una voracidad insaciable y la farsa democrática, su triste consejo de administración. En un alarde de ingenuidad, El País publicó el 13 de marzo de 2006 un editorial titulado “España se la juega en América”, donde afirmaba que “la gran aventura empresarial en América Latina es sumamente audaz. […] Empresas como Telefónica o los bancos de Santander y Vizcaya pasan a convertirse en poderosos instrumentos de influencia de la política exterior, que anuncian el regreso de España como agente activo de la vida internacional”. Sin embargo, esta arriesgada apuesta podría frustrarse por culpa de “explosiones telúricas de un magma indigenista, etnopopulista y nacionalista, más o menos hostil al capital extranjero”. Para el diario El País, el progreso se encarna en la figura de Gabriel Cisneros, el Berlusconi venezolano, con una fortuna personal de 5.000 millones de dólares y con empresas en 50 países de América, Asia y Europa. Un verdadero emprendedor que posee un equipo de béisbol (Los Leones de Caracas) y que financia y organiza el concurso Miss Venezuela. Amigo personal de Henry Kissinger, George Bush padre e hijo, David Rockefeller, Mario Vargas Llosa y Felipe González, Cisneros logró en 1985 que el gobierno venezolano prohibiera el libro del economista Lyndon H. LaRouche, Narcotráfico S. A., donde se le vinculaba con el lavado de dinero procedente del tráfico de drogas. Durante el intento de golpe de estado de 2002 contra Hugo Chávez, sus canales de televisión ofrecieron una amplia cobertura a los insurrectos, renunciando incluso a la publicidad e inventándose una supuesta masacre de antichavistas, que no soportó el contraste con la realidad. En la dictatorial Venezuela de Hugo Chávez, el canal Venevisión de la Organización Cisneros nunca ha dejado de emitir su programación, atacando a la Revolución Bolivariana sin tregua. Al referirse a la campaña de PRISA contra el chavismo, el profesor de filosofía Carlos Fernández Liria evocó los lazos entre Felipe González, El País y Gustavo Cisneros. Cisneros compró Galerías Preciados a precio de ganga después de la expropiación de RUMASA. Sólo fue una operación especulativa, pues no tardó en vender los almacenes, obteniendo unas ganancias fabulosas, no sin antes reflotar la empresa mediante despidos y ajustes draconianos. El País nunca ha ocultado su estrecho vínculo con el PSOE ni su interés por Venezuela. Atacó a Hugo Chávez desde el principio y su hostilidad prosigue más allá de su muerte. “Es como si estuvieran pagando –señala Fernández Liria- alguna deuda de amistad mafiosa con alguna élite venezolana”.
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POBREZA, MARGINACIÓN Y DEMOCRACIA
España no es una democracia. España da miedo. Sería injusto comparar el sufrimiento del pueblo español con el del colombiano o mexicano, víctimas de genocidios recientes (o incluso en marcha) que han pasado desapercibidos. Álvaro Uribe y Felipe Calderón deberían acabar sus días en una celda de la Corte Penal Internacional, pero se pasean por el mundo, recibiendo honores y agasajos. Se les puede responsabilizar de al menos 100.000 asesinatos, pero vivimos en un tiempo de canallas patrocinado por Estados Unidos, donde se usa la palabra democracia para encubrir toda clase de abusos y crímenes. Presuntamente, la democracia es el gobierno de los ciudadanos. Es evidente que ese principio teórico no se aplica en la realidad, pero tal vez habría que señalar que la fórmula en sí misma no es satisfactoria, pues en el centro de la política no debe estar el ciudadano, sino el pobre, el paria, el marginado, el excluido. “Las democracias occidentales –escribe Jon Sobrino- han reducido la pobreza en algunas de sus manifestaciones, pero no han hecho central al pobre ni en la teoría ni en la práctica. En mi opinión, por eso son tan débiles en erradicar otros males como el individualismo aislacionista, la trivialización de la existencia, el desentendimiento de la familia humana. Y es que cuando el pobre no está en el centro, tampoco lo está la misericordia. Y sin ella, desaparece lo humano” (Terremoto, terrorismo, barbarie y utopía, 2002). La reforma de las pensiones es un ejemplo de esa insensibilidad criminal. Aunque es una imposición de la troika, el gobierno de Mariano Rajoy ha encargado a un comité de doce expertos un estudio previo. Ocho de esos expertos han trabajado en el sector bancario y en compañías de seguros interesadas en promover los planes de pensión privados. Preside el comité Víctor Pérez-Díaz, catedrático de sociología de la Universidad Complutense, neoliberal confeso, colaborador de El País y conferenciante habitual de la Fundación FAES. Sus conclusiones, recientemente publicadas, eran previsibles: desvincular las actuales pensiones del IPC y bajar las futuras pensiones. Por supuesto, esta medida no será sometida al consenso democrático, pero los partidos políticos mayoritarios seguirán aprobando leyes represivas para defender el Estado social y democrático de Derecho.
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España da miedo, sí. Los tricornios y las mitras siguen ensombreciendo la vida cotidiana, con su poder de intimidación y su fanatismo tridentino. El toro de Osborne sigue orillando nuestras carreteras, mostrando que la esencia de la cultura hispánica consiste en maltratar a los animales en un obsceno festejo popular. Los políticos siguen obedeciendo a la patronal y a la banca, humillando sin descanso a la clase trabajadora. Las familias son desahuciadas y apaleadas. Los jóvenes se marchan al extranjero para buscar trabajo. La sanidad, la educación y las pensiones son privatizadas de forma más o menos encubierta. Se detiene a los periodistas y se tortura impunemente. Los grandes medios de comunicación, los políticos y los jueces –salvo contadísimas excepciones- trabajan conjuntamente para reprimir las protestas y el descontento social. Esperanza Aguirre citaba hace poco a George Orwell para escarnecer a los “ideólogos socialistas” (por cierto, no creo que merezcan ese nombre los líderes del PSOE). Curiosamente, la “neolengua” a la que se refería para criticar la LOGSE es una de las señas de identidad del actual neoliberalismo: reformas, flexibilidad, competitividad, ajuste presupuestario, factor de sostenibilidad, saneamiento, orden público, seguridad. Todos sabemos lo que esconden esas palabras: explotación laboral, corrupción, liquidación de derechos, represión, insolidaridad, tortura. Definitivamente, España da miedo, pero espero que algún día perdamos ese temor y no dejemos dormir a los miserables que crucifican y pisotean a los pueblos, invocando el bien común y el interés nacional. No permitamos que otros escriban nuestro destino. Emiliano Zapata nos legó varias frases memorables: “Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres”, “Mejor morir de pie que vivir toda una vida arrodillado”. No se me ocurre ningún argumento para impugnarlas, salvo el terror que propaga el Estado, sembrando el derrotismo, la impotencia y el desánimo. Sin embargo, nada puede impedirnos soñar con una humanidad definitivamente liberada de toda explotación y opresión.
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RAUL CAPIN
RAFAEL NARBONA

jueves, 23 de mayo de 2013

El Gobierno justifica el homenaje a los voluntarios franquistas que lucharon a favor de Hitler


El Gobierno justifica el homenaje a los voluntarios franquistas que lucharon a favor de Hitler

  • El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, justificó hoy en el Congreso el homenaje realizado el pasado 11 de mayo en Cataluña a la división de voluntarios que pelearon a favor de los nazis durante la II Guerra  Mundial
  • Fernández Díaz se amparó en que este tipo de actos "se vienen produciendo desde 
Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior.  EUROPA PRESS
Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior. EUROPA PRESS
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha destacado este miércoles que homenajes como el realizado el pasado 11 de mayo, en el que se entregó un diploma por parte de la delegada del Gobierno en Cataluña, Llanos de Luna, a un excombatiente de la Hermandad Nacional de Veteranos de la División Azul "se vienen produciendo desde 2003".

Así lo ha indicado en el Pleno del Congreso, en respuesta al parlamentario de CiU, Jordi Xuclà, quien se ha interesado por conocer su opinión sobre el acto de la Guardia Civil en el que se homenajeó a la División Azul, unidad de voluntarios que sirvió con el ejército nazidurante la II Guerra Mundial.

"Homenajes de estas características se vienen produciendo en Cataluña, de forma ininterrumpida, por parte de la Ponencia de Defensa de Cataluña desde el año 2003", ha afirmado el ministro..

Ante esto, el diputado ha afirmado que el Gobierno debería pedir perdón, y además cesar a la delegada de Gobierno en Cataluña, así como supervisar los actos en los que intervienen sus altos cargos.

Por su lado, el ministro ha afirmado que, en vista de que estos actos se producen desde 2003, debería haber solicitado la dimisión de todos los delegados del Gobierno desde entonces, y ha recordado que todas las instituciones y hermandades que asistieron al homenaje "están legal y debidamente inscritas en los organismos estatales o autonómicos correspondientes, y se fundamentan en un contexto histórico, en absoluto ideológico".

Por último, el ministro ha afirmado que estas instituciones formadas por los familiares se mueven en "un ambiente de reconciliación histórica" que ha asegurado que el diputado de CiU no quiere entender, y ha destacado que esta entrega de galardones no obedeció a ninguna consigna determinada.

Asimismo, ha recordado que esta entidad participó en los actos conmemorativos de la Fiesta Nacional de 12 de octubre de 2004, y ha afirmado que no lo apunta como una crítica, sino como un recordatorio, porque "algunos abogan por la reconciliación y otros por la división y la discordia".

Una derecha "homologable"
Por su lado, Xuclà ha indicado que no se puede concebir a un gobernante demócrata de hoy en Alemania o Francia, entregando un galardón a una persona vestida con el uniforme del Ejército nazi.

Por ello, ha solicitado a Fernández Díaz que sea un ministro "homologable a cualquier derecha europea".

El parlamentario también ha lamentado estos actos, y ha criticado que actualmente se vive "una insoportable banalización del nazismo y del Holocausto".

Ana Botella obliga al zoo de Madrid a poner ropa interior a los animales

Ana Botella obliga al zoo de Madrid a poner ropa interior a los animales

Por Xavi Puig
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La alcaldesa de Madrid quiere que los niños católicos puedan disfrutar del zoológico de Madrid “sin estar viendo genitales todo el rato”.
Por este motivo, obligará a los responsables del recinto a colocar ropa interior a todos los animales que en él se exhiben.
Nuestro reportero Biel Perelló informa de esta polémica medida desde el zoo de la capital:

Centenares de niños usados como ratas de laboratorio en el Chad


Centenares de niños usados como ratas de laboratorio en el Chad


Los niños vacunados fueron gravemente dañados por las vacunasLos niños vacunados fueron gravemente dañados por las vacunas
En estos días se ha conocido un nuevo terrible caso de experimentación de vacunas con seres humanos por parte de la industria farmacéutica sin escrúpulos amparada por organizaciones teóricamente dedicadas internacionalmente a la salud y a los derechos de los niños.
20/05/2013 - 13:43 / ACT.: 20/05/2013 - 20:03

En el pequeño pueblo de Gouro, Chad, África, situado al borde del desierto del Sahara, 500 niños fueron encerrados en la escuela, amenazados con que si no estaban de acuerdo en ser vacunados contra la meningitis A, no recibirían la educación superior.
Fueron vacunados, sin conocimiento de sus padres, con una vacuna sin licencia que está pasando por la tercera y cuarta fase de prueba. Pocas horas después, ciento seis niños comenzaron a sufrir dolores de cabeza, vómitos, convulsiones incontrolables severas y parálisis.
Tuvieron que esperar una semana para que un médico los atendiera, mientras, el equipo de vacunadores vacunaba a otros niños en la aldea y más niños enfermaron. Cuando el médico llegó, finalmente, no pudo hacer nada por los niños. El equipo de vacunadores, al ver lo que había sucedido, huyó de la aldea.
Cincuenta niños fueron finalmente trasladados a un hospital de Faya y por vía aérea a dos hospitales de Yamena, la capital de Chad. Después de ser transportados como ganado, los niños enfermos más débiles fueron enviados de vuelta en su pueblo sin un diagnóstico y a cada familia se le dio una suma no confirmada de £ 1000 por el gobierno.
No se firmaron formularios y ni se realizó documentación alguna. A las familias se les informó de que las lesiones de sus hijos no estaban relacionadas con la vacuna.  Sin embargo, si esto fuera cierto, ¿por qué pagó el gobierno a cada familia £ 1000 en lo que se ha descrito como dinero por su silencio?
Los niños siguen sufriendo convulsiones severas. Un pariente dijo:
"No sabemos lo que ha pasado y queremos respuestas. Nadie nos ayuda. Nuestros hijos estaban bien y en forma, nunca hemos tenido meningitis en nuestra zona, así que ¿por qué vacunar a nuestros hijos con esta vacuna? Nuestros hijos se han vuelto agresivos en su comportamiento y tienen erupciones en todo el cuerpo. Ellos están teniendo terribles convulsiones aterradoras. ¿Por qué nadie quiere ayudarnos?"
Según informa la revista especializada Vactruth parece muy probable que estos niños fueron utilizados como ratas de laboratorio.
Han pasado cinco meses de encubrimiento generalizado de la verdad. Los hijos de Gouro y sus padres quieren que las siguientes organizaciones - PATH, la OMS, UNICEF y la Fundación Gates - hagan una disculpa pública a la altura de lo que ha ocurrido. Ellos quieren y necesitan rendir cuentas: "se trata de una violación del código de Nuremberg y los "funcionarios" del gobierno son culpables de crímenes contra la humanidad".

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"Vivimos en una sociedad donde puedes llamarte demócrata y legitimar el fascismo"


Emilio Silva:

El presidente de la ARMH participa en 'Qué hacemos por la memoria histórica', una obra coral que efectúa una breve radiografía de los logros y desafíos del movimiento memorialista. “Todos los gobiernos democráticos han mantenido una política de la ignorancia sobre el pasado”, afirma

Emilio Silva, en una foto de archivo.
El pasado martes el Gobierno del Partido Popular se negó a declarar el 18 de julio Día de condena del franquismo. Una semana antes, la delegada del gobierno en Catalunya acudió a un acto de homenaje de la División Azul y 15 días atrás, el ministerio de Exteriores impidió que víctimas del franquismo declararan ante la Justicia argentina. Tres acciones que, para muchos, retratan la ideología de un Gobierno y que podrían suponer la gota que colma el vaso si este no se hubiera derramado mucho tiempo atrás.
El movimiento memorialista, que arrancó en la década del 2000 en España y que tiene a Emilio Silva(presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) como uno de sus principales referentes, lleva ya más de diez años luchando contra la "hipocresía" y la "doble moral" de los diferentes gobiernos de la democracia y la pasividad de la Justicia respecto a los crímenes de la dictadura franquista. "Todos los gobiernos, en mayor o menos medida, han mantenido una política de la ignorancia sobre el pasado dictatorial basado en un pacto de la transición que llenó todo de amnesia", denuncia Silva.
Una década en la que más allá de haber visibilizado una realidad latente como es la impunidad del franquismo, el movimiento ha conseguido, entre otros logros, sacar de las cunetas a cientos de víctimas y abrir una causa judicial contra el régimen en Argentina. La obra Qué hacemos por la memoria histórica (Akal) en la que participa Emilio Silva junto a Rafael Escudero, Patricia Campelo (colaboradora de Público) y Carmen Pérez pretende ser una radiografía de todo este movimiento memorialista, de sus éxitos y sus fracasos, de la ley de Memoria Histórica del PSOE y "las políticas de no-memoria del PP".
"La importancia fundamental del libro reside en tratar de mantener vivo un debate que parece que está perdiendo importancia en la agenda pública. Si nos comparamos con Guatemala vemos que la justicia llega cuando las víctimas junto a la sociedad mantienen viva la lucha pese al paso del tiempo y las dificultades. En España, las víctimas siguen con las heridas abiertos. Hay cerca de 113.000 víctimas en las cunetas", señala a Público Patricia Campelo
La obra,asimismo, también es reflejo de las actuaciones de los partidos políticos, del sistema judicial, de los medios de comunicación y de los movimientos a nivel europeo y mundial para que España investigue los crímenes del franquismo. A nivel local, el libro destaca como la "crisis económica se ha convertido en una perfecta excusa" para sacar de la agenda pública la recuperación de la memoria y "borrar del espacio público ese pasado dictatorial que tanto le molesta".
Así lo demuestra la decisión del Gobierno de dejar a cero el presupuesto para apoyar la exhumación de víctimas de la represión franquista. "La excusa de la crisis es una forma de camuflar las decisiones políticas. El Gobierno se acaba de gastar 300.000 euros en reparar el Valle de los Caídos. Sin embargo, alega que no hay dinero para exhumaciones. Son decisiones arbitrarias marcadas por la ideología. Es muy triste que tengamos en España una derecha política incapaz de entender nuestras reclamaciones", alega Emilio Silva.
Asimismo, la obra también hace especial hincapié en el desacato del Gobierno de las advertencias del Comité de Derechos Humanos de la ONU que recordó al Estado español que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles y que, por tanto, la Ley de amnistía de 1977 no tiene base jurídica legal instándole a considerar la derogación de dicha ley y a tomar las medidas que fueran necesarias para garantizar el reconocimiento de la imprescriptibilidad de los crímenes. "Aquí está la hipocresía del Gobierno. Por un lado, el pasado verano hizo una declaración pública en la que parecía erigirse como el adalid de la lucha contra la desapariciones forzadas. Por otra, nos deja sin fondos para desarrollar este trabajo", apunta el presidente de la ARMH.

El futuro del movimiento

Pero no todo es repasar el pasado. La obra analiza cuáles son los principales vías de actuación que se ha propuesto el movimiento, las viejas que aún quedan por cumplir y las nuevas vías abiertas gracias al trabajo de estos años.
"Seguimos reclamando que sea el Estado el que se haga cargo de la exhumación de los cadáveres de las víctimas de la Guerra Civil y no las familias, como hasta ahora. Además, el cerco internacional contra la impunidad se está estrechando. Este año llega a España una comisión del grupo de trabajo de la ONU contra las desapariciones forzadas; en Argentina, la querella avanza lentamente, pero avanza; y en Bruselas hemos conseguido, pese a la negativo del Parlamento Europeo, realizar una exposición que muestra la brutalidad de la represión franquista que continuará girando por Europa", señala Silva, que se muestra optimista con la posibilidad de que en el futuro el franquismo sea condenado tanto fuera como dentro del Estado español.
"Lo que no podemos hacer es seguir esperando. La gente que viene a nosotros a pedirnos ayuda para que exhumemos los restos de sus familiares es gente muy mayor. La frase más repetida cuando estas personas consiguen dar un sepelio digno a sus familiares es que ya se pueden morir tranquilos", asegura Silva, que denuncia que su asociación, la ARMH, ha presentado más de 300 demandas en los juzgados antes de proceder a las exhumaciones encontrando, en su inmensa mayoría, una única respuesta: "el silencio más absoluto". "No podemos esperar a los jueces. Las familias no pueden esperar a los jueces", concluye.

Qué hacemos

Este libro se enmarca dentro de la colección Qué hacemos, un colectivo editorial y de reflexión formado por, entre otros, Olga Abasolo, Ignacio Escolar, Agustín Moreno, Olga Rodríguez, Isaac Rosa y Emilio Silva, que pretende "responder a los retos actuales pero también recuperar la iniciativa; intervenir en la polémica al tiempo que proponemos nuevos debates; resistir las agresiones actuales y anticipar las próximas; desmontar el discurso dominante y generar un relato propio; elaborar una agenda social que se oponga al programa de derribo iniciado", según la editorial en su propia página web.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Criminalización de la ciudadanía indignada e insumisa


Criminalización de la ciudadanía indignada e insumisa

22 mayo 2013 | Categorías: Opinión | |
Xavier Caño Tamayo – ATTAC Madrid
Aumenta la represión en Europa. El Gobierno de Grecia decreta la movilización forzosa (militarización, en realidad) del profesorado para evitar la huelga contra los recortes salariales y la pérdida de derechos. En el Reino de España, hay encarcelamientos arbitrarios e injustos por manifestarse desde el nacimiento del 15-M hace dos años, y manifestantes elegidos aleatoriamente son multados sistemáticamente por el Gobierno. En Portugal, una gran manifestación contra los recortes gubernamentales finalizó con once heridos. En Italia son reprimidas con dureza inusitada las manifestaciones de estudiantes. En Reino Unido, encarcelan con seis meses de prisión a quienes ocupen edificios vacíos y deshabitados… Los gobiernos reprimen a la ciudadanía más consciente y activa en Europa… La represión crece a medida que aumenta la conciencia crítica ciudadana.
La criminalización de la protesta ciudadana crece con falsas acusaciones de vandalismo callejero que, perpetrado por reducidos y sospechosos grupos, se insinúa (o dice directamente) que forman parte del movimiento ciudadano. Responsables políticos de la policía se refieren de modo malévolo, sin contexto ni matiz, a los hechos violentos que en ocasiones se dan al final de pacíficas concentraciones y manifestaciones, atribuyéndolos al movimiento ciudadano. Unos hechos violentos cuya autoría recae a menudo sobre agentes infiltrados de la policía o provocadores más o menos dirigidos. Miembros del Gobierno o del partido que lo sostiene en el Reino de España insultan a la ciudadanía llamando nazis o terroristas etarras a quienes protestan en paz y con eficacia y revelan sus canalladas políticas dejándolos sin argumentos.
El Gobierno responde al aumento de conciencia crítica ciudadana con más antidisturbios, cámaras de vigilancia en espacios públicos e incitación a la delación de presuntos “antisistema”. Antisistema es el saco donde meten toda denuncia y resistencia contra el saqueo que es la crisis y el vaciado de la democracia. El Gobierno y sus aliados cambian la normativa de reunión y seguridad pública y convierten las faltas penales en delitos para poder aplicar la prisión preventiva. Faltas como las acometidas y destrozos del mobiliario urbano. También se tipifican nuevos delitos para reprimir a la ciudadanía más activa. Como difundir por Internet convocatorias de manifestaciones que pudieran derivar en alteraciones del orden público. O, en un desquiciado rizo del rizo, convertir la resistencia pasiva pacífica en atentado contra la autoridad, penado con años de cárcel.
Una muestra de ese fascismo soterrado creciente de la actuación policial contra manifestantes en Europa es una declaración del mando de una unidad anti-disturbios española. Aseguró que incluso Gandhi en actitud de resistencia pasiva se hubiera llevado algún porrazo que otro de sus hombres. Ya en el inicio del 15 M, más de doscientos intelectuales, artistas, profesores universitarios y dirigentes sociales salieron al paso de la persecución y criminalización del movimiento, denunciando la represión y arbitrariedad policial y política al detener y encarcelar a manifestantes pacíficos. Por desgracia, esa situación no solo se mantiene sino que empeora.
Para los más viejos del lugar, que sufrieron la dictadura franquista, lo expuesto huele cada vez más a rancio fascismo. Con la visible diferencia de que esos fascistas o fascistoides de hoy no recurren a mascaradas ni concentración de disfraces y banderas.
Al revisar la actuación de buena parte de gobiernos y policías de países europeos, cuyas ciudadanías exigen sus derechos con firmeza, se comprueba que hay una deriva cada vez más autoritaria de buena parte de esta Europa sometida al poder financiero y las corporaciones empresariales.
Lo resume con lucidez el magistrado Carlos Doménech al exponer que las nuevas medidas penales en el Reino de España son pasos hacia un estado policial. Que va bien encaminado lo muestra el hecho de que el Consejo de Poder Judicial cuestiona la constitucionalidad de esa pretendida reforma penal que es la tipificación de nuevos delitos para neutralizar a la ciudadanía pacífica activa y la aplicación de penas mucho más severas.
Buena parte de gobiernos europeos han olvidado que la soberanía nacional reside en la ciudadanía, de la que emanan todos los poderes del Estado; el poder que ellos tienen sin ir más lejos.
Xavier Caño Tamayo es periodista
Artículo publicado en ALAI, América Latina en movimiento
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El juez que encarceló a Blesa se enfrenta a la posible expulsión de la carrera judicial


El juez que encarceló a Blesa se enfrenta a la posible expulsión de la carrera judicial

elpidio

El Consejo del Poder Judicial le investiga por retrasos y por el trato al personal de su juzgado.
El órgano de gobierno de los jueces intentó incapacitarle en 2008, pero no prosperó.
Elpidio José Silva ha sido sancionado en otras tres ocasiones, pero el Supremo anuló dos.
La fiscalia ha pedido la anulación de la causa contra Blesa.

Elpidio José Silva Pacheco, el juez que envió el pasado 17 de mayo a la cárcel a Miguel Blesa, se enfrenta a su posible expulsión de la carrera judicial. El Consejo General del Poder Judicial abrió el pasado mes de abril un expediente disciplinario contra el titular del Juzgado de Instrucción número 9 de Madrid por dos faltas muy graves y una grave, que no están, sin embargo, relacionadas con la causa del expresidente de Caja Madrid. Las faltas muy graves, de ser confirmadas, conllevan la suspensión del juez, su traslado forzoso o la separación de la carrera judicial.
La Comisión Disciplinaria del órgano de Gobierno de los jueces inició el expediente contra Silva Pacheco por su retraso injustificado en la tramitación de los procedimientos y por falta de motivación de sus resoluciones —lo que constituyen motivos de falta muy grave— así como por desconsideración hacia los funcionarios de su juzgado —que se encuadra en falta grave—. Un magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid instruye el expediente contra el juez, y tendrá que presentar en el plazo de seis meses una propuesta de sanción a la Comisión Disciplinaria del Consejo. La decisión que tome después la comisión es recurrible al pleno del Consejo del Poder Judicial y ante la sala tercera del Tribunal Supremo.
El juez, con un extenso historial de problemas disciplinarios, está siendo investigado también por la Fiscalía de Madrid. El Ministerio Público abrió hace un par de meses diligencias a raíz de una denuncia por “comportamiento poco adecuado” durante sus actuaciones judiciales, según ha confirmado a EL PAÍS el fiscal jefe de Madrid, Manuel Moix. La Fiscalía tendrá que decidir si concede verosimilitud a la denuncia y presenta una querella contra el juez, si la archiva o bien la remite al Consejo porque entiende que no hay delito pero sí posible sanción disciplinaria. También tiene seis meses de plazo para hacerlo.
Elpidio José Silva, de 54 años, es uno de los magistrados más conflictivos de la carrera judicial, según admiten fuentes del Consejo. Acumula sanciones e incluso un intento del Consejo de jubilarle por incapacidad.
El órgano de gobierno de los jueces trató de incapacitarle en 2008 porque entendía que no estaba en condiciones para seguir ejerciendo la función judicial, debido a las múltiples denuncias y sospechas de irregularidades en su actuación con la toga. El expediente—insólito, que se ha aplicado solo a media docena de jueces en la historia—,  no prosperó, porque el servicio médico dictaminó en contra.
En junio de 1994 el Consejo le impuso su primera sanción, por falta muy grave: le suspendió durante tres meses por desatención de su órgano jurisdiccional, que entonces era el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de San Roque (Cádiz).
En abril de 2009 le fue impuesta una sanción de 6.000 euros de multa por falta grave, por “incumplimiento o desatención” a los requerimientos de sus superiores y “obstaculización de sus funciones inspectoras”.
El juez recurrió al Supremo y el tribunal estimó su recurso, dejando sin efecto la sanción. En febrero de 2010 volvió a ser sancionado por la misma falta grave, pero el Supremo la dejó otra vez sin efecto, aunque por un motivo distinto: había caducado. Las faltas graves prescriben al transcurso de un año desde que fueron cometidas, según la Ley Orgánica del Poder Judicial.
Silva Pacheco es además un atípico juez desahuciado. En 2009 fue condenado por una colega a pagar 7.115 euros por las rentas que debía —más intereses y costas— a la inmobiliaria familiar que le alquilaba el piso. El proceso, de desahucio por falta de pago, terminó con el juez desalojado de su casa y declarado en rebeldía.